
Tuvieron que pasar 63 años luego de aquella última conquista obtenida en 1946, época dorada de la auténtica Academia del fútbol paraguayo.
Una dirigencia que apostó a lo grande, que apuntó a lo más alto y que tenía claro el camino para llegar a la meta. Desde que volvió a la Primera División se abocó a ordenar la institución elaborando una base firme y a partir de allí comenzó a perseguir el premio mayor.
A medida que pasaban los torneos el plantel crecía en riqueza, y en más de una ocasión estuvo cerca de alcanzar el objetivo, principalmente con la conducción de Raschle en los últimos tiempos.
Pero le faltaba ese plus, eso de aplicarle a un plantel esa dosis mágica en lo anímico, mental, espiritual, táctico y todo aquello que tienen impregnados los ganadores. Y ese plus, esa dosis, llegó cuando el multi campeón Ever Hugo Almeida se hizo cargo de la dirección técnica. Más aún, teniendo en el campo a uno que interpreta y transmite a la perfección el lenguaje de los campeones, y ese fue el multi campeón y mundialista Denis Caniza.
En cuanto a lo estético del juego Tricolor se podrá discutir si con Almeida se ganó o se perdió en lucidez, eso queda para el gusto de cada uno. Lo indiscutible es que le transmitió toda su mística ganadora y el plantel nunca perdió el equilibrio a pesar de los golpes que también supo recibir durante su travesía para llegar al título.
Fue otro gran acierto del joven presidente Rober Harrison contratar a un gran ganador como Almeida para técnico y a otro gran ganador como Caniza para capitán de cuadro. Con ellos, el plantel ganó en jerarquía e irremediablemente había que ponerlo a Nacional como uno de los grandes candidatos al título.
Está claro que Nacional no ganó el Clausura solo por Almeida y Caniza, sino que tuvo un gran plantel, grande en calidad y no precisamente en cantidad. Y ello le alcanzó para celebrar gracias a que el club supo respetar los procesos a pesar de los cambios que ha realizado en la conducción técnica. Pudimos ver la consagración de varias figuras jóvenes formadas en la cantera de la Academia. También pudimos ver a otras figuras no tan jóvenes, pero que ya tienen varias temporadas defendiendo la camiseta Tricolor.
Es emocionante observar el desahogo, la explosión de júbilo, la alegría desbordante e inefable de hinchas que tuvieron que soportar estoicamente tantos años de ayuno. Este momento lo tienen bien merecido. Gracias a un Presidente ambicioso e inteligente, a un técnico ganador nato y a un plantel de grandes jugadores unánimes en el objetivo.
La prolijidad y el cuidado de hasta el mínimo detalle es una lección para varios de nuestros equipos en Primera División. Es una lección a ser aprendida, lección que la supo llevar adelante la Academia y por fin.. SE RECIBIÓ DE CAMPEÓN!!!